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Aclimatación a la altura

jueves, 14 septiembre, 2017 | Blog | 0 Comentarios

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo cuando nos exponemos a grandes alturas?

Lo primero que tenemos que decir, al contrario de lo que muchas veces solemos escuchar, es que existe la misma cantidad de oxígeno en un chiringito a la orilla del mar que en la mismísima cima del Everest. En la atmósfera el oxígeno representa el 21% del total de los gases que contiene y no disminuye a medida que vamos ganando altura y notamos que las cuestas nos parecen cada vez más y más largas y empinadas…
Entonces ¿cual es el problema con el que nos encontramos en alta montaña?

Este no es otro que, si como decíamos el oxígeno presente en la atmósfera es siempre el mismo, no es así con nuestra capacidad de aprovechar ese oxígeno, que de hecho disminuye de forma drástica en altura. Veamos por que.

Para llegar a la sangre y poder ser utilizado por nuestro organismo, el oxígeno debe atravesar primero la pared de los alveolos pulmonares (pequeños sacos que son los encargados del intercambio de gases entre el aire y la sangre) y después la pared del capilar sanguíneo (vaso sanguíneo extremadamente fino). Para atravesar estas dos capas no existe ninguna especie de micromotor, se produce por simple diferencia de presión y concentración denominado difusión simple (de donde hay más hacia donde hay menos). Por lo tanto, cuanta mayor concentración de oxígeno en los alveolos y menor en los capilares, más fácilmente pasa este de los pulmones a la sangre. Y aquí esta la clave de la cuestión ya que en altura, la concentración de oxígeno en los alveolos disminuye de forma muy considerable…. ¿y por que, si la concentración de oxígeno en la atmósfera es siempre del 21%, sucede esto?

Llegados a este punto es necesario hablar de otro concepto clave que nos hará entender lo que nos sucede en la alta montaña: la presión parcial de oxígeno. Las moléculas del aire están sometidas a la presión, al peso para entendernos, que sobre ellas ejercen las moléculas que están por encima. Cuanto más subimos, menor es la capa de aire que ejerce peso sobre las moléculas de aire que están a nuestro alrededor. Es decir, con la altitud disminuye la presión atmosférica en general y por lo tanto también la presión atmosférica de cada gas, entre ellos naturalmente el preciado oxígeno. En nuestros pulmones esto se traduce en que a medida que vamos ganando altura, la presión parcial de oxígeno en los alveolos disminuye (inspiramos el mismo volumen de aire pero con una menor cantidad de moléculas de oxígeno) y por lo tanto tienen menos fuerza para poder atravesar el alveolo y llegar a la sangre. Nos cuesta mucho oxígenarnos y solo lo logramos a base de un aumento en el ritmo de nuestra respiración.

Soroche: mal agudo de montaña

En su forma leve, que es la que comúnmente se da, es una enfermedad benigna que aparece en muchos montañeros al encontrarse en altura. Sin embargo puede desembocar en dos alteraciones muy graves que pueden poner en riesgo nuestras vidas: el edema cerebral de altitud y el edema pulmonar de altitud.
Sufrir mal agudo de montaña es muy común y desde luego no significa que vaya a derivar en alteraciones más graves. El síntoma más característico es el dolor de cabeza pero también se pueden presentar otros como náuseas y vómitos, falta de apetito, sensación de cansancio y trastornos del sueño (tanto somnolencia como insomnio. También son frecuentes los episodios de disnea durante la noche que consiste en que nos despertamos con sensación de ahogo). Generalmente lo síntomas desaparecen espontáneamente en 1 a 4 días.

Consejos para prevenir o al menos minimizar los efectos del mal de altura

A partir de los 3.500 m hay que ascender de forma gradual e, independientemente de la altura que se gane durante el día, lo aconsejable es pasar la noche a no más de 300-500 m de la altura a la que se pasó la noche anterior. Planificar convenientemente cualquier cumbre que queramos hacer. Que se encuentre a 3 días de distancia del lugar dede donde hemos empezado el trekking, no significa que se puede hacer en esos 3 días. Tomarse el tiempo necesario para aclimatarse, que depende de la altura de la montaña, es imprescindible.

Andar despacio y realizar los mínimos esfuerzos posibles, especialmente los primeros días. Si una actividad de trekking tiene que resultar algo placentero, adecuada a nuestro ritmo, en altura esta es una norma a seguir para preservar nuestra salud. Es muy importante comentar a nuestro guía o a la persona de nuestro grupo con más experiencia en alta montaña cualquier malestar, por pequeño que nos pueda parecer. Existen cuestionarios muy sencillos sobre distintos síntomas y sus grados que nos pueden servir como primera valoración del nivel de aclimatación.

Llevar un pequeño aparato, el pulsioxímetro, que nos permite realizar de forma puntual mediciones de la saturación arterial de oxígeno (es decir el tanto % de la hemoglobina, la molécula que transporta el oxígeno en la sangre, que lleva oxígeno). Distintos estudios han puesto de manifiesto los datos que cabrían esperar según la altura a la que nos encontremos. Si vemos que nuestras mediciones son más bajas, nos puede indicar que la aclimatación no se está produciendo.

Si padeces alguna enfermedad crónica del aparato respiratorio, consulta con tu médico antes de embarcarte en un trekking de alta montaña.

Una correcta hidratación, si bien no esta demostrado que previene directamente el mal de altura, es indispensable para el correcto desarrollo de una actividad en montaña. En altura disminuye mucho la sensación de tener sed por lo que deberemos «obligarnos a beber». A estos efectos es muy práctico llevar un termo que llenaremos de infusiones calientes, más apetecibles de ingerir en el ambiente frío de alta montaña.

Una alimentación apropiada y en general no hacer desordenes en contra de nuestra salud minimiza los riesgos del mal de altura.

Fuente: Mal de altura. prevención y tratamiento. Javier Botella de Maglia (editorial Desnivel)

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